Pensamientos de Alice Cullen

¿Cómo me podía llamar a mí misma psíquica si no había sido capaz de prever lo que iba a ocurrir? Edward confiaba en mí, en mis dotes para ver el futuro. Ya le había advertido una vez que las visiones no eran exactas y que tanta confianza en mí no era buena. Era algo que nunca había ocurrido en toda nuestra historia. ¿Por qué él tampoco lo pudo prever?

Bella desapareció de mis visiones tan rápidamente que me asusté. Temí por mi amiga y por mi hermano que apenas habían comenzado una larga y feliz vida. ¿Por qué todo les pasa a ellos? No, corrección, ¿por qué todo le pasa a Bella? Es algo más que un imán para los peligros, está fuera de toda clasificación.

Me sorprendió que me cogiera el teléfono. Era ella por quien más temía, por su fragilidad humana. Tampoco estaba preparada para la conversación que mantuvo a continuación con Carlise. Nada tenía sentido.

Y ahí estaba yo, viendo a mi mejor amiga consumirse día tras día en el sofá. Acariciado su cada vez más abultado vientre y diciéndole palabras de cariño al feto, a lo que ella llamaba bebé.

No podía hacer nada por ella y mi siempre tan útil don quedaba anulado. Es más, el que Bella estuviera embarazada de esa cosa, me producía terribles jaquecas que me impedían estar cerca de ella. ¿Qué clase de amiga era?

Tampoco soportaba estar cerca de Edward. Le veía sufrir y mis pensamientos y falta de visiones le ponían más pesimistas. ¿Qué clase de hermana era?

Mi querido Jaz tampoco lo pasaba bien. Sufría más que los demás por culpa de su don. Trataba de mantenerse al margen de la situación todo lo posible, deambulando por el ático. Se dedicaba a la búsqueda de información de lo que podía suceder cuando Bella diese a luz. Pero todo lo que había eran historias desalentadoras en las que la madre moría durante el parto. ¿Qué clase de esposa era?

¿Hacía donde se estaba encaminando mi familia? La llegada de Bella a Forks trastocó nuestra familia, en el buen sentido. Consiguió completarla. Ahora, no estaba segura si lo que sucedería sería para bien o para mal.

Solo Jacob, incluso con sus puntos ciegos, me lograba aliviar la jaqueca. Que irónico, que el chucho me amortigüe el malestar. A pesar de todo, el siempre atento Jasper, trataba de potenciar optimismo, cosa que agradecía enormemente.

Marie Alice Brandom Cullen Witchlock

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