Pensamientos de Sirius

HP - Sirius Black

La oscuridad me rodea, así como un intenso frío que penetra por cada poro de mi cuerpo.

Estoy encerrado por un crimen que no cometí. Antes hubiera muerto. Pero nadie me cree, ni siquiera aquel viejo compañero de andanzas. No le culpo.

¿Por qué iban a buscar a otro responsable si todo indicaba que había sido yo?

Me han alejado de toda civilización a la espera de que me vuelva loco y muera. Muchos lo hacen.

Pero ellos no saben que, a pesar de estar encerrado, puedo ver la esperanza en el cielo. Pues no hay barrote ni prisión que evite mostrarme a las estrellas.

Y es que ellas me mantienen vivo y cuerdo en esta horrenda prisión. Me recuerdan los momentos que pasamos juntos.

Todas las noches dirijo mi mirada a nuestra estrella y ella me responde mostrándome tu rostro, más hermoso de lo que recuerdo. Con tus ojos plateados y una sonrisa que llenaba de calidez mi corazón, enmarcado por tu carga cabellera de plata.

La viva imagen de una diosa de la antigüedad. Siempre me dije que no pertenecías a este mundo. Demasiado bella, demasiado perfecta.

Me dejaste cautivado la primera vez que te vi, a pesar que todavía no me fijaba en las chicas.

Te veía demasiado lejana y traté de olvidarte con otras. Pero a lo lejos, siempre te veía con tus ojos acusadores.

Siempre fui un rebelde sin causa que sólo pensaba en divertirse. Tú, sin embargo, eras la estudiante perfecta, no sólo en el estudio sino en todo lo que te proponías.

Nunca he llegado a entender el cómo y por qué te fijaste en mí. Tampoco pregunté pues te tenía a ti y algo me decía que esa incipiente relación sería de por vida.

Estabas en la playa mirando hacia el horizonte, con la melena al viento y cara triste. Me oíste llegar y me abrazaste. Desde entonces, aquella playa se convirtió en nuestro punto de encuentro.

Oigo las olas romper contra las rocas de este inhóspito islote. Olas furiosas que me acercan a nuestro mar. 

A veces me traen un mensaje tuyo, pero antes de dármelo son calladas entre gritos por las rocas.

A pesar de tenerte, tenía el temor que un día desaparecieras y te convirtieras en parte de un pasado que se desvanece poco a poco con el tiempo.

Quería que fueras mía para siempre. Dejar de jugar y ser serios. Pero cuando te fui a buscar… no estabas, ni en casa, ni en nuestra playa, en ninguno de los lugares que hicimos nuestros.

Te habías desvanecido cómo una diosa que vuelve a los cielos. No dejaste rastro tras de ti, tampoco una nota. Nada.

Removí cielo y tierra arrastrando conmigo a nuestros amigos. Todo fue en vano.

Solo quedaban de ti las fotos, las cartas, los recuerdos… cómo única prueba que una vez exististe.

Creí morir entonces. Habíamos pasado tan poco tiempo juntos por culpa de nuestro orgullo y miedo, que me maldije a mí mismo cientos de veces por ser tan idiota, con la esperanza de que en medio de aquel dolor aparecieras para salvarme y llevarme contigo.

Si, caí en una espiral de autodestrucción de la que sólo una persona me logró sacar. Tu amigo de la infancia y mi mejor amigo. Por él pude volver a vivir. Me dio esperanza, me dijo que volvería a verte.

Pero él ya no está aquí y por él me encerraron. Me acusaron de matarlo a él y a su familia. Una familia que consideraba mía. ¿A quién le pudo siquiera pasar por la cabeza que yo lo hice? Ah sí, a unos testigos que creyeron ver y oír la verdad, a unas pruebas que me señalaban únicamente a mí.

Podría haber muerto, me podría haber rendido. Pero había alguien que me necesitaba y que también se había quedado solo.

Antes de que me encerraran, fui a nuestra playa a despedirme de ti, a que me dieras fuerzas. Tal vez fue una ilusión de la luna, mi desesperación o la noche en la que nos encontrábamos, pero vi tu figura igual que aquella vez.

Me dijiste que fuera fuerte, que me querías. Desde entonces, esas palabras, ya fueran reales o fruto de mi imaginación, me mantienen con fuerzas, vivo. Todo lo vivo que se pueda estar en este lugar.

La oscuridad no llega a desaparecer nunca. Tampoco merma el frío. Pero hay una luz que no se apaga.

A veces está cerca y a veces lejos y mi meta es alcanzarla, pues cuando lo haga, mi mundo volverá a teñirse de color. De todos los colores del arco iris.

Lugar: Prisión de Azkaban

S.B a su pareja

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