Las memorias de Guri – el conejo antiestrés


Las memorias de Guri – el conejo antiestrés


Hola soy Guri, el conejo anti-estrés. Si Guri es mi nombre. Todavía no sé el motivo de que eligieran ese nombre pero me llaman y respondo por él.

¿Y que es ser un conejo anti-estrés? Buena pregunta, ni siquiera yo sabía qué era hasta que me asignaron ese puesto. Pues bien, al parecer los requisitos son:

  • Ser un peluche
  • Ser un conejo
  • Ser pequeño
  • Ser fácil de transportar
  • Ser estrujable

Y las funciones son estar siempre presente y estrujable para calmar los nervios y aliviar el estrés.

Pues si, reúno todos los requisitos, aunque fui educado para ser un bonito conejo llavero que adornarse unas llaves, un bolso… Pero no me puedo quejar. Estoy muy bien cuidado, siempre me tienen presente y no me dejan relegado. Soy el compañero ideal.

Ahora no cambiaría por nada este trabajo por el de ser un simple llavero que fue para lo que estudié.

Yo nací del más suave algodón y una bonita tela azul turquesa. Unas manos hábiles me dieron forma de conejo y me dieron montones de hermanos. Una vez que adquirí forma, acudí con mi familia a unas intensas clases sobre cómo ser un conejo llavero. Y es que no es lo mismo ser un conejo llavero que ser una gato llavero.

Fueron una clases muy intensas. Nos enseñaron a estar monos en todo momento, a incluir gestos como doblar una oreja, a arreglar nuestro lazo… Una vez nos graduamos, fuimos enviados a buscar trabajo a diferentes tiendas dónde la demanda era alta. Nunca tuve grandes aspiraciones, así que elegí una modesta tienda de barrio. Podía ser modesta pero era amplia, luminosa y siempre estaba muy limpia. Allí, en un bonito mostrador fui expuesto y quedé a la espera que alguien tuviera necesidad de mí y me llevase a su casa.

Pasaron algunos días y vi entrar y salir a todo tipo de gente: altos, bajos, niños, adultos, hombres, mujeres… Algunos se interesaban por mi o mis hermanos, aquellos que habían elegido mi mismo destino. Algunos de ellos encontraron trabajo, mientras que los demás nos quedamos a la espera.

Por fin, una fría tarde de final de año entró en el establecimiento una muchacha que se dirigió directa al mostrador. Dió una vuelta, luego otra. Observó diferentes llaveros entre ellos a mi. No muy convencida se adentró en el interior de la tienda. Mis compañeros se desanimaron, otra oportunidad fallida, sin embargo, mi nariz de conejo de peluche me decía que había llegado mi momento. Mi marcha estaba próxima y mi destino ligado a esa joven.

Tal como mi nariz me decía, la joven volvió repitiendo el ritual de la primera vez que se acercó. Los nervios de todos estaban a flor de piel, pues intuíamos que esta era la definitiva para uno de nosotros. tal como mi intuición de conejo me decía, fui escogido. Entre alegría y pesar, me despedí de mis compañeros y me dirigí a mi nuevo hogar.

La casa en a la que fui a vivir es grande y estaba llena de libros. Todo estaba muy ordenado y limpio. Gracias a las grandes ventanas también era muy luminosa, especialmente el cuarto que es mi morada.

Todo aquello me sorprendió mucho. Durante las clases nos habían hablado de casa abarrotadas de trastos, de personas poco dadas al estudio, incluso nos hablaron de casa que parecían cuevas. Mi casa era todo lo contrario y la gente muy estudiosa, incluso en otros idiomas. Me encantó nada más entrar, me enamoré de la casa y no pude más que dar las gracias al gran conejo por la suerte encontrada.

Encontré un lugar donde vivir rápidamente, en un rincón de la gran mesa que ocupa mi compañera, al lado de un bote de madera para lápices. Soy un conejo sencillo sin necesidad de muchos lujos…

Hace nuevos y buenos amigos en grandes y pequeños peluches de todas las formas y texturas. Cada uno me contó sus pericias, sus experiencias en la casa… Todos coincidían, era la mejor casa a la que habían podido ir a parar. Me alegré por ello.

Como había estudiado para ser un conejo llavero, tuve que adaptarme a mi nueva función. Para ello, tuve que mejorar parte de mi fisionomía.

Mi sonrisa se amplió con unas puntadas y quedó encantadora. Mis ojos, antes un poco torcidos y hundidos, se corrigieron y se volvieron profundos y llenos de sentimiento. Mis orejas fueron reforzadas lo mismo que mis costuras. Mi lazo fue reemplazado por otro de color azul eléctrico que combinaba muy bien con el turquesa de mi piel. Con todo este cambio de aspecto, quedé irreconocible.

No voy a contar cómo es o ha sido mi rutina de cada día, algo realmente aburrido. Básicamente, cuando se me necesita, me coge para calmarse, evitar romperse las uñas o simplemente para tener algo entre las manos. También me acaricia y me arregla con mucho mimo.

Lo interesante y que merece la pena contar, son las cosas divertidas y graciosas que me han ido sucediendo desde que llegué.

En primer lugar, mi dueña ha sido siempre muy despistada y subsecuentemente yo he sufrido las consecuencias. En más de una ocasión, mientras se mueve por toda la casa y me tiene que dejar para realizar otras tareas, luego al ir a buscarme o volver a su cuarto, olvida dónde me ha dejado.Y es que me suele dejar en cualquier parte. En cualquier parte, pero ojo, siempre en buenos sitios: mesas o estanterías, las muchas que hay llenas de libros y objetos de decoración que abundan en la casa.

Si mi compañera va al salón comedor o a la cocina, acabo siempre en el mueble para discos de vinilo donde está colocado el teléfono fijo de la casa y también los móviles de todas las integrantes de la familia. Esa es la zona más conectada de toda la casa, no solo por todos los móviles y sus accesos al mundo entero, sino porque es el sitio en el pasan más tiempo. Es el mejor lugar para oír toda clase de noticias y cotilleos.

Muy cerca de ese mueble está el sofá,donde también he acabado muchas veces. Es un lugar cómodo, para qué negarlo, pero con algunas desventajas. Me puedo perder entre los cojines o ser cogido por la gata de la familia que me confunde con uno de sus juguetes. Estos son socios míos pero han estudiado para hacer frente a estas situaciones y son de otra pasta, más fuertes y robustos. Aunque decir que es una gata muy buena y que estas situaciones han sido poco frecuentes.

La casa tiene más habitaciones, como una biblioteca, toda llena a rebosar de libros. En ocasiones, mi compañera acude a buscar algún libro para leer o para hacer una consulta. A veces, se pasa un momento y en otras se queda mucho tiempo consultando, dudando… al final de estas visitas me suelo quedar olvidado entre las estanterías. Hay que decir que la espera a volver a mi lugar, a ser recordado y encontrado, no es aburrida, al contrario es muy entretenida e instructiva. He aprendido muchas cosas de los libros, más de las que jamás soñé conocer.

En otras ocasiones, cuando va al cuarto de su abuela, puedo acabar en la mesita de noche o encima de unas grandes cajas donde ha guardado trabajos y apuntes de su carrera.

Lo divertido es ver o escuchar cuando me encuentro perdido, a mi compañera buscarme. Va de un lado a otro intentando recordar sus últimos pasos y a dónde había podido ir. Yo no puedo hablar, no porque no sepa, si no por la norma de obligatorio cumplimiento que todo juguete u objeto decorativo… tenemos de no comunicarnos con los seres a los que pertenecemos o a sus allegados. Suele recorrer la casa entera dos o tres veces hasta que encontrarme. Cuando lo hace, se ríe y dice que va a perder la cabeza un día, algo un poco difícil en una persona de carne y hueso como ella.

Pero no siempre me he quedado en casa y en esas ocasiones si que no me pierdo. He acudido a sus clases como conejo antiestrés y he aprendido de grandes maestros que enseñaban arte, historia, filosofía… Adoro ir con ella.

Ahora que ha empezado a trabajar, mi trabajo ha disminuido considerablemente. Sin embargo, en ocasiones me encuentro en una deslumbrante oficina llena de murmullos donde desempeño la misma función que antes, aunque al estar más ocupada, no tiene tantos problemas con las uñas, pero si más estrés cuando le llega mucho trabajo.

En resumen, creo que soy una pieza fundamental en la vida de mi compañera, ayudándola en sus momentos más difíciles. Creo que la función de los conejos antiestrés es fundamental en la sociedad de hoy en día y me gustaría promover esta profesión entre mis iguales y en las clases que nos dan antes de llevarnos a buscar un hogar.

Estas son mis memorias, unas memorias atípicas, lo se, de un conejo peluche.

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