Experiencias tupper

Experiencias tupper

Hace ya muchos años, entre 2011 y 2017, que empecé en el mundo laboral con la subsecuente odisea con la comida y desde entonces hasta ahora he experimentado o visto multitud de situaciones bastante cómicas.

En primer lugar explicar que llevar la comida a la oficina es una aventura porque cada día, durante la noche anterior, hay que pensar qué hay que preparar, cocinarlo y guardarlo en preciados tupper de todos los tamaños, colores y casi hasta multitud de materiales. 

Al día siguiente hay que transportarlo en modernas y elegantes bolsas, ponerlo en la nevera o en la taquilla a la llegada a la oficina. Las mañanas transcurren con trabajo y pensando en la deliciosa comida que hemos traído. Muchos podrían pensar que teniendo la comida preparada nada puede salir mal. Pobres ilusos. La verdad es que si pueden salir mal muchas cosas y aquí es donde empiezan las situaciones más o menos cómicas de esta experiencia culinaria:

1.- ¿En la nevera o en el armario? – olvidarte de meter la comida en la nevera y que, en consecuencia, esta se acabe arruinando. Puede pasar que: te quedes sin comer, que algún alma caritativa te deje algo, que acabes comiendo galletas o fruta o que salgas como alma que lleva el diablo al restaurante más cercano a comer. Esto pasa cuando no estás acostumbrado a llevar comida de nevera al trabajo y por ello es aconsejable ponerse una alarma.

2.- ¿Ese tupper es mío? – otro clásico cuando todo el mundo lleva el mismo tupper naranja del Mercadona y con una comida parecida. El compañero al mirar en la nevera coge el tupper del compañero por error. Por suerte la alternativa es comer el tupper que queda.

3.- Tapa fundida – Si hemos llegado hasta aquí significa que vamos a poder comer ya sea nuestra comida o la del compañero, pero aún hay que ir con cuidado por deferencia hacía el tupper. Cuando vamos a calentar, hay que asegurarse que la tapa del tupper es apta para el microondas, de otro modo, tras calentar la comida, nos encontraremos con que esta se ha deformado, casi fundido. Claro que en ese momento lo más importante es comer y asegurarse que la comida está comestible. El tupper queda en un segundo plano pero a la salida de la oficina tendremos que salir corriendo a comprar un nuevo tupper. Hasta en dos ocasiones, y con años de diferencia, he sufrido este terrible punto y mis tuppers han perecido víctimas del calor del microondas.

4.- Tupper roto – Podemos pensar que ya ha pasado lo más grave pero ojo, todavía pueden pasar accidentes con nuestro tupper, sobre todo si usamos uno de cristal. Una vez hemos disfrutado de nuestra suculenta comida, hay que proceder a limpiar el tupper. No hay que ser cochinos. Con un tupper de cristal se ha de ir con extremo cuidado durante el lavado ya que una caída en la pila puede tener un resultado fatal para nuestro recipiente y nuestras manos. En mi experiencia tupper he visto como se me resbalaba y hacía añicos mi primer tupper de cristal. Por fortuna, solo hubo que lamentar su pérdida. En caso de que esto suceda, cuando se vuelve a casa hay que ir a comprar obligatoriamente un nuevo tupper para la comida del día siguiente.

5.- Tupper olvidado – Si ya tenemos limpio nuestro tupper, quedamos tranquilos y volvemos a trabajar, pero si eres despistado puede suceder una nueva desgracia tupper. Si tras limpiarlo lo dejamos escurriendo, a la salida y tras recoger la mesa nos vamos “volando” a casa sin acordarnos del tupper más que cuando estamos preparando la comida. Entonces se recuerda que tenemos más de 10 tupper de mercadona y se espera coger ambos al día siguiente. Aunque si se es despistado es posible que vuelva a olvidarse del tupper y las empresas acaban abriendo tiendas de tupper de segunda mano con ofertas de 2*1.

Y hasta aquí llegan las experiencias tupper con un sexto punto que quiere aparecer pero no le dejo. Todas son experiencias reales, con un toque de humor, vividas en primera persona o como observadora y me he visto en la necesidad de compartirlas, de arrojar algo de luz al momento de la comida en una tranquila y rutinaria jornada de trabajo, aunque visto lo visto, llevar un tupper a la oficina puede resultar una actividad de riesgo no apta para glotones o despistados. 

Ya sabes, si estás aburrido en tu trabajo, te gustan las emociones, la aventura o quieres hacer algo de dieta o ejercicio, lleva un tupper a la oficina y haz que sobreviva él, tu comida y tu apetito. Puede llegar a ser más difícil que cuidar a un tamagochi, al menos este tiene alarmas.

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