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Diario – Paseo por la alameda

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Diario – Paseo por la alameda

Me levanto por la mañana y con sueño desayuno y me arreglo para salir, para coger el coche e ir a trabajar, como cada día, cinco veces a la semana… Es una rutina monótona y aburrida que me obliga a estar sentada más de ocho horas. Coche, trabajo, coche, casa o paseo… Los días pueden volverse grises.

Recuerdo que tengo que hacer ocho mil pasos diarios, pero no se donde, estoy tan cansada… Entonces mi vista se va a la derecha tras cruzar el puente y redescubro, con nostalgia ese largo paseo resguardado por la sombra de los árboles. Es un camino que antaño hacia cada día, cuando iba en bus al trabajo, un camino lleno de gatitos hermosos y leales que salian a mi encuentro para escoltarme durante un largo trecho.

Tomo una decisión decisiva. Ahora, en cada viaje al trabajo aparco lo más lejos que puedo de la oficina. Solo con salir del coche puedo respirar el aire fresco que inunda el Parc Bit, bastante cercano a las montañas. Cruzo su puente de madera, ese que atraviesa el torrente seco y reconvertido en jardín silvestre, hogar de algunos lindos mininos. También escucho el trinar de los pájaros que cantan a la primavera. Es tranquilizador y relajante. Me dan ganas de unirme a los cantos, de bailar bajo los rayos del sol naciente que tiñe el cielo de mil colores e iluminan mi camino. Los árboles hacen un preciosos juego de sombras y luces con sus ramas y hojas, lugar de descanso de los pajarillos que hacen en ellas sus nidos. Disfruto buscándolos y más aún cuando lo encuentro.

Las aves vuelan de rama en rama o bajan al suelo en busca de algo que comer… Los minimos, mientras tanto, toman el sol o comen y beben de sus fuentes. Pero muchos son timidos y asustadizos y huyen cuando ven a un humano pasar demasiado cerca, solo cuando no me ven como una amenza se paran a lo lejos y me observan pasar.

Continuo por el camino, buscando alargar el paseo, ese momento de tranquilidad. Cuando llego al final del camino suspiro, es hora de afrontar una dura jornada laboral. Por suerte, al finalizar el día, volveré a pasear por esa alameda que es, sin duda, uno de los momentos más agradables y felices de mi día laboral.

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