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El reino de Lobera – 31 – La espada del lago

El reino de Lobera

Akal se quedó el resto de la tarde mirando hacia el lago pensando en una solución al dilema de que Galena conservara su magia y pudiese estar cerca del agua. Mientras tanto, la sirena se entretuvo nadando y recuperando fuerzas. Ella también pensaba en una solución que ayudase a sus amigos. Se había dado cuenta de que había recuperado su magia después de descender por el túnel y encontrar el lago, algo había en las profundidades de la tierra que inutilizaba la magia oscura de aquellas tierras.

El príncipe también había llegado a la misma conclusión aunque ninguno de los dos sabía todavía como rescatar al resto del grupo para continuar el rescate del pequeño dragón. Un factor determinante era que Galena pudiese usar su magia, que Ginega recuperase su forma de giganta y que Lamia volviera a ser un fénix.

Galena nadaba y nadaba, sumergiéndose cada vez más en el lago intentando pensar más y mejor. Estar rodeada de agua la ayudaba. Nadaba tan rápido que pronto habría estado en todo el lago. Un destello plateado llamó su atención. Provenía de la zona más profunda y apenas era del tamaño de una moneda, sin embargo brillaba ante sus ojos de sirena. Se acercó nadando. No se trataba de una moneda, era algo más grande sepultado en la arena. Sus finas manos empezaron a apartarla hasta dejar al descubierto la empuñadora y parte de la hoja de una espada.

Akal no llevaba espada, él era un joven intelectual amante de los libros y de los mapas. Siriel era la guerrera, la caballera valiente que debía guiarles y ganar a Wulfrugida. Sin embargo Siriel no estaba con ellos y sin duda Akal necesitaría una espada. La espada se encontraba atrapada por una pesada roca. Ella no tenía fuerza suficiente para moverla pero su magia si. Empezó a concentrar una gran cantidad de agua a su alrededor y a hacerla girar a gran velocidad. La enfocó en la gran roca y esta, poco a poco empezó a desquebrajarse hasta acabar hecha añicos. La espada estaba libre. Se acercó a cogerla pero pesaba demasiado.

Galena subió a la superficie en busca de Akal, segura de que entre los dos podrían sacar la espada del lecho de arena. Al llegar a la superficie, encontró a Akal sentado en una formación rocosa cerca de la cascada. ¿Acaso pretendía encontrar la inspiración sentado bajo el potente chorro de agua?

—Akal, ven conmigo he encontrado algo que nos podría ayudar.

El joven enfocó su mirada en la cabeza flotante de Galena, menos mal que había llegado o estaba seguro que habría hecho alguna tontería.

—¿Qué has encontrado?—preguntó intrigado. No le gustaban los misterios y a menudo se veía leyendo las últimas páginas del libro que pudiera estar leyendo para enterarse del final.

—Una espada que está en el fondo del lago pero es demasiado pesada para mi. Ayúdame.

¿Una espada? Akal rodó los ojos. Él no tenía fuerza para levantarla y mucho menos sabría manejarla. Además, ¿cómo demonios iba a mantener la respiración durante tanto tiempo?

—Galena, no puedo…

—Si que puedes, yo te ayudaré a llegar hasta ella.

Los ojos de la sirena estaban llenos de determinación. Suspiró y se lanzó al agua. Ella se acercó hasta él y le dio un beso en los labios al tiempo que tiraba de él hacia las profundidades.

—Un beso de sirena te permite respirar mientras estés con ella—le dijo sonriendo mientras nadaba más y más rápido.

De la mano de Galena, Akal miraba asombrado aquel mundo submarino lleno de algas, líquenes y rocas con extrañas formas. En apenas unos minutos llegaron hasta la espada que yacía en la superficie arenosa. Al verla sintió un vuelco en el estomago. Estaba en perfecto estado de conservación a pesar de haber estado sumergida por quién sabia cuanto tiempo. Mientras la miraba más de cerca, leyó en su hoja la siguiente inscripción:

≪Bis vincit qui se vincit in victoria≫

Conquista dos veces quien a la hora de la conquista, se conquista a sí mismo… Si querían triunfar debían ser capaces de dominar sus miedos. Él ya había empezado a conquistarlos y saldría vencedor, lo sabía. Tomó la espada por la empuñadura y sin hacer apenas ningún esfuerzo logró levantarla. La espada era suya, él era un príncipe, un intelectual, pero también sería un guerrero que lucharía por su reino.

Sorprendida por la fuerza del joven, Galena les devolvió a la superficie. Tras salir del agua y secarse, Akal tomó una decisión.

—Galena, espera aquí, iré a buscar a nuestros amigos.

Y el muchacho desapareció por el túnel armado con aquella espada y con la determinación recién encontrada.


Continuará

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