Lisa, sus muñecas y el globo aerostático

Cuentos - microrelatos

Su padre estaba creando un gigantesco globo de aire atado a un cesta. Decía que volaría por el cielo, como los pájaros… Pero su hija Lisa no le creía, tampoco le importaba. Ella quería que su padre jugase con ella y sus muñecas. Como siempre, no tenía tiempo para ella, solo para sus inventos…

Para poder estar cerca de él, se metió en la cesta con todas sus muñecas, jugando a que eran princesas tomando el té. Su padre se demoró mucho y a Lisa le entró el sueño, quedándose dormida en la cesta rodeada de sus muñecas. Nadie la vio meterse, tampoco la vieron quedarse dormida y por supuesto nadie, ni siquiera su padre, se preocupó demasiado cuando dejó calentando el globo de aire.

El invento empezó a elevarse cada vez más en el cielo. Era un absoluto éxito. El hombre intentó hacerlo bajar a tierra cuando se dio cuenta de que no lo había amarrado. Ahora el globo subía y subía por el cielo. Suspiró, la próxima vez lo ataría fuertemente a tierra, viajaría con él por todo el mundo convirtiéndose en la persona más famosa de la Tierra. Pensando en su próxima aventura se fue a casa a comer.

Mientras tanto, Lisa se había despertado al sentir mucho frío. El cielo estaba oscuro y era hora de volver a casa con su padre. Fue a bajar de la cesta cuando se dio cuenta de que estaba volando por el cielo.

Tenía mucho miedo y quería volver a casa con sus padres. Ya le daba igual que su padre no tuviera tiempo para ella.

—Tranquila Lisa, nosotras podemos con esto—le dijo la muñeca Tania cobrando vida.—Nosotras somos expertas navegantes de globos.

Se quitó la corona, se ató un pañuelo sobre la cabeza y empezó a dar órdenes al resto de las muñecas. Todas se quitaron las coronas, lanzándolas por la borda y se ataron unos pañuelos. Lisa las imitó.

—Tunie, tira de esa cuerda, Lisa apaga un poco la mecha, Ana, sube arriba a controlar que todo va bien.

Todas empezaron a acatar las órdenes de la muñeca y muy pronto el descenso del globo comenzó. Mientras trabajaban y el globo descendía, Lisa pensó que hacer funcionar el aparato de su padre era mucho más divertido que tomar el té y ser una princesa.

El globo logró aterrizar con fuerza a las afueras de un pueblo cercano que se sorprendió mucho por la llegada de Lisa y sus muñecas de trapo. Lisa se rompió un brazo y las muñecas volvieron a ser de trapo. Unos días después, Lisa volvió a casa y empezó a ayudar a su padre con su gran invento. Cuando se hizo mayor, ella fue la primera y mejor navegante de los globos aerostáticos.

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