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Los tres magos – parte 5

Cuentos - microrelatos

Aquella semana fue la peor de su vida. No podían dormir, no tenían ganas de comer y aunque acudieron a ver a su profesor para que les diera un avance, este se mostró impasible y les echó de su casa. Sin clases y sin poder hacer nada más, pues todavía no podían trabajar intentaron refugiarse en sus lugares favoritos. Lucy acudió al biblioteca, Romo al campo y Hugo se dedicó a pasear por el pueblo. Sin embargo, cada uno de ellos se conocía esos lugares como la palma de su mano y en el estado de ansiedad en el que se encontraban no conseguían calmarse.

Para intentar hacer un poco más amena la espera, Romo invitó a Hugo y a Lucy a su casa. Esperaron mirando el fuego y sin decirse mucho, pero acompañados a fin de cuentas. Estaban ensimismados en sus pensamientos cuando un pequeño fénix entró buscando atención de Romo. Se encontraba muy disgustado con él porque llevaba una semana que casi no le hacía caso. Cuando notó al pequeño sobre su hombro, el joven mago reaccionó.

—Chicos, se me ha ocurrido una idea. Foxie puede ayudarnos a calmarnos. Esperad que le llamo.

Antes de llamarlo, Romo le dio al bebé unas pipas. El fénix gorgojeo alegre sacando una sonrisa a Lucy y a Hugo que se acercaron a verle más de cerca. El pequeño les miró atentamente, decidiendo si eran amigos. Al final, las sonrisas de los jóvenes magos le convencieron de que era buenas personas y acabó por subirse en la palma de Lucy mientras era acariciado por Hugo.

La melodía de Foxie se empezó a escuchar antes de que Romo y él entraran por la puerta. Su canción aumentó la sensación de relax que el bebé fénix les había hecho sentir.

—¿Qué creéis que pasará si no aprobamos?

Finalmente Hugo había hecho la pregunta que todos habían estado temiendo, pero gracias a la canción de Foxie ninguno se sintió angustiado.

—Es muy sencillo Hugo, aunque nos suspenda tenemos los trabajos hechos. Lucy se puede convertir en millonaria, tu podrías buscar a gente desaparecida y yo, yo seguiría con lo mío, incluso puedo abrir una consulta para tratar ansiedades.

—Creo que primero tendrás que tratar tu ego Romo, después podrás tratar a los demás—le respondió Lucy jocosamente.

Los tres amigos rieron.

—A lo mejor podemos combinar los tres proyectos para ayudar a la gente. Eso sería genial, ¿no crees Romo?

—Puede ser, pero no me va mucho ser un filántropo.

Lucy no dijo nada pero a pesar de sus palabras, de su estatus e incluso de algunas bravuconadas,  por parte del muchacho, ella sabía que Romo era una buena persona con un corazón de oro, o al menos de plata.

—Bueno, si no aprobamos no podremos unir los tres proyectos así que tampoco vale la pena ilusionarse. Recordad que el profesor le puso pegas a todos los trabajos.

—Hugo, no seas aguafiestas, el profesor lo dijo para que no se nos subiera a la cabeza y no diésemos un mal uso a nuestros trabajos. Fijo que mañana nos aprueba a todos. Ya lo verás.

Romo estaba muy relajado pues se había dejado llevar completamente por la música de Foxie. El bebé se había ido con él y se había quedado dormido. Sus cabeza empezó a desconectar, sus ojos se cerraron y se unió al sueño del fénix. Lucy le siguió de inmediato. Solo Hugo, algo más preocupado, se quedó despierto un rato más mirando la chimenea. Aunque intentó quedarse despierto, temeroso de los sueños que pudieran llegarle, su cansancio y la melodía de Foxie eran más poderoso que él y finalmente también acabo quedándose dormido.


Continuará

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