Diario – Grietas en la ventana


Diario – Grietas en la ventana


Me he decidido a comprar masilla para tapar las grietas insignificantes que observo en mi ventana. He comprado un tarro pequeño, bastará y sobrará un montón pero así lo guardo para otro día. 

Llego a casa, recojo la cocina, hago la cama… Vamos, hago las tareas domésticas del día a día. Tras hacerlas, separo la mesa de la ventana y quito mis dos plantitas. Las tengo que cuidar mucho. Listo, solo queda preparar las cosas.

Cojo la masilla, la espátula y un palillo para ayudar pero antes de empezar inspecciono el trabajo a realizar. Veo las grietas que tenía controladas, sobre todo por la que me goteó el agua al regar. Bien, con la masilla ya no será un problema.

Me pongo manos a la obra muy ilusionada pero a medida que avanzo tapando las grietas veo que no solo era una o dos. Hay por todo el marco de la ventana tanto por fuera como por dentro y también en alguna zona que no es el marco. Qué horror. El que hizo la obra no lo dejó ni curioso ni bien terminado.

En fin, viendo cómo está y el calor que hace la ilusión decrece por momentos pero ya que he empezado continuaré hasta el final.

Primero hago el marco por fuera, poniendo especial atención en las que están en el alféizar, donde coloco las plantas. Después continuo tapando alguna grieta en las tejas y los desconchones en la pared. Parece fácil pero con la verja para evitar intrusos se vuelve un poco difícil. Arreglado el exterior, cierro un poco la ventana y me dispongo a tapar las grietas del interior y que siguen todo el borde de la ventana. Son algo molestas porque no las veo tan bien y al ser en vertical también son más difíciles de sellar.

Al cabo de unas horas, o eso me ha parecido a mi, doy por concluida la tarea. Ha quedado poco curioso pero ya no hay agujeros, ya limaré y quitaré la suciedad mañana. Ahora no es el momento de dejarlo bonito ya que está fresco. 

Me miro y veo que he acabado llena de masilla, sobre todo en las manos. Qué desastre, en ese aspecto también he sido muy sucia.

Bueno, recojo un poco y me voy a duchar, lo que queda ya es otra historia que no merece ser contada más allá de un rasqué, limpié con una bayeta y se acabó.

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